
ESCRITO POR: Dr. Javier Hernández Hernández / Profesor Investigador IPN-UPIICSA
Desde hace tiempo he escuchado que algunos ciclistas se refieren despectivamente a los automovilistas como “cochistas” y llegué a ver noticias donde algunos ‘pedalistas’ enfurecidos ofendían a un automovilista que, aparentemente, los había agredido.
Sin embargo, el término “cochista” es despectivo, pretende señalar como comodinos a quienes usan automóvil, porque no les importan los derechos del resto de los ciudadanos, sean peatones, ciclistas o usuarios de transporte público, lo cual provoca una imagen de conflicto, donde el peor espécimen es el “cochista”.
El desarrollo de la transportación al iniciar el siglo XX se centró en el automóvil, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial. Antes, los trenes urbanos, algunos autobuses, motocicletas y muy pocos ciclistas participaban en las vialidades, atendiendo los viajes que eran necesarios.
Cuando el desarrollo de las ciudades y los diversos usos de suelo: residencial, industrial y de servicios, entre otros, hizo más necesario hacer viajes, la primera respuesta fue el transporte colectivo, pero al popularizarse el automóvil, el eje cambió.
No pretendo defender al auto, más bien entender la contribución que hizo en su origen al concepto actual de la movilidad. Si bien tiene muchísimas externalidades negativas que van desde los aspectos ambientales, hasta los económicos, pasando por los de salud y accidentes, lo cierto es que propició que la gente pudiera atender sus actividades relativamente rápido.
A principios del siglo XX, ir del centro de la ciudad a Xochimilco era un viaje de varias horas. Con el auto se pudo hacer más rápido. Desafortunadamente esa mejoría, si bien se amplió a una mayor cantidad de la población, no benefició a todos, de hecho, eso no podría haber ocurrido, a pesar de que algunos autores defendieran el “derecho” al automóvil.
Actualmente en una ciudad se realiza un viaje utilizando varios modos. La llamada cadena de viaje va desde caminar, usar transporte colectivo, usar transporte masivo, bicicleta colectiva y caminar, en diferentes combinaciones. Ocasionalmente se llega a usar el auto, pero son los menos casos.
¿Es la realidad que el automóvil es el enemigo? En mi opinión no. Siempre habrá necesidad de usarlo de forma racional, y deberá complementarse con las otras modalidades.
Para lograr ese uso racional deberá crecer el número de ciclovías, con mayor seguridad; mejorar la calidad del transporte colectivo y del masivo, intensificar los corredores peatonales en centros históricos. Eso propiciará que el ciudadano tenga una oferta variada para atender los diferentes tipos de viaje. Él seleccionará la cadena de viaje más adecuada a sus necesidades personales, a la condición económica, a la distancia del viaje y el horario en que se realiza.
Los “cochistas” no son el enemigo, debemos entender que todas las modalidades se complementan y que esto propicia la necesidad de contar con planes integrales de movilidad sustentable, que entiendan todas las características de los viajes y ofrezcan diversas opciones a la ciudadanía para su movilidad.
Es importante considerar una verdadera visión integral desde tres ejes rectores transversales: el medio ambiente, la seguridad y la economía.
Para evitar el conflicto, es necesario considerar estos ejes en las modalidades de toda la cadena de viaje. El maniqueísmo no cabe cuando se habla de movilidad, no existen los buenos y los malos. Existe el uso racional, la priorización de las modalidades. Eso permitirá otorgar un enfoque integral a un plan de movilidad.


































