ZONA 30, GENERANDO ESPACIOS DE CONVIVENCIA

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A pesar de haber sido creadas  para garantizar un entorno seguro en las calles, las zonas 30 tienen otro tipo de finalidad, que es la de promover una convivencia entre habitantes.

Desde hace unos años, México ha adoptado la cultura de las zonas 30, cuyo objetivo es el de tranquilizar calles, no obstante, no solo se trata de disminuir la velocidad de los automotores, es fomentar la movilidad no motorizada y la convivencia de los que colonizan el espacio.

La reducción de velocidad en la calle promueve la construcción de tejidos sociales, dicho de forma contraria, que el incremento de la velocidad en las calles, produce un efecto virtual de expansión o de invasión expansiva de la motorización  de tal forma que inhibe justamente la producción de tejido social, así lo explica Raúl Díaz, académico del ITESO.

Cuando tienes una calle que no está tranquilizada, o una calle que tiene velocidades por encima de los 30 km, la ola expansiva va creciendo y los impactos que tiene, es la percepción de inseguridad, la contaminación auditiva y la contaminación atmosférica”.

Una de las características de una zona 30, son los famosos lomos holandeses, que son los que restringen la velocidad a no más de 30 km/h, que más que producir efectos positivos, producen efectos negativos.

Se ha demostrado que en el espacio entre un tope y otro tope, hay picos de velocidad, es decir, un vehículo entre el tope y el siguiente tope, acelera y vuelve a frenar, produciendo más contaminación atmosférica en el lugar y contaminación auditiva, señala el académico.

El también representante del ITESO en el Observatorio Ciudadano de Movilidad y Transporte Público de Jalisco, indica que existe un concepto que se llama topes mentales, que tiene que ver con dispositivos que persuadan a la gente a utilizar esa calle de manera tranquilizada.

El utilizar el tope físico como comúnmente se hace, no resuelve realmente el que se tranquilices la calle, porque entre tope y tope hay picos de velocidad; se requieren otros instrumentos más de carácter psicológico para que la gente, no por restricción, sino por convicción, utilice la calle de forma tranquilizada”.

Una zona tranquilizada o una zona 30, es una política donde lo que se busca, es desincentivar el uso del automóvil para incentivar más la movilidad peatonal, “si estás pensando en esos términos, tienes que hacer un proyecto de ensanchamiento de banqueta”.

Lo que conlleva al principio de la zona 30, que es ensanchar banquetas, y desincentivar el uso de los automóviles dentro de la zona, como restricción de accesos a cocheras, incluir estacionamientos disuasorios o estacionamientos que den servicio sin que necesariamente el carro tenga que entrar fuera del negocio.

Díaz Padilla destaca que una zona 30 en sí, es una calle completa, que beneficia a peatones y ciclistas, sin embargo, no solo con reductores de velocidad o confinamiento ciclista se logrará, para contar con esta calle tranquilizada, debe de haber una gestión social.

Las calles tranquilizadas deben generar una dinámica social, económica y cultural, lo primordial, es que tenga un menor impacto del automóvil, y mayor uso y disfrute de los peatones, así como contar con un sistema real de calles completas, para incentivar a nivel barrial más caminata o más dinámica de movilidad no motorizada en la ciudad.

No podemos desincentivar un modo de transporte  si no generamos incentivos, es decir, restringir, debe de venir acompañado con la propuesta de incentivar, en este caso, lo que hace la zona 30 es una poco más restringir que incentivar ”.