LAS MOTOCICLETAS, México y su falaz bajo costo - Pasajero7

LAS MOTOCICLETAS, México y su falaz bajo costo

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Luis David Berrones-Sanz

Profesor de la Academia de Sistemas de Transporte Instituto Politécnico Nacional / lberrones@ipn.mx

En México, la cantidad de motocicletas registradas aumentó cerca de 17.73 veces en las últimas dos décadas, por lo que la tasa de crecimiento media anual del país para el siglo veintiuno es de 34.05%. En total, a nivel nacional el INEGI registra 5.2 millones de estos vehículos, y más de la tercera parte (35%) se concentra en tres estados: 14.4% en el Estado de México, 11.2% en Jalisco y 9.5% en la Ciudad de México.

Tan sólo en la Zona Metropolitana del Valle de México se realizan más de 151 mil viajes por día (0.88% del total de viajes). Al transitar por la Ciudad de México, el crecimiento en el número de motocicletas es evidente; basta con observar una intersección con semáforo en rojo para darse cuenta de la gran cantidad de motocicletas. Esto no es de extrañar, ya que los datos muestran que 5.4% de la población es propietario de uno de estos vehículos.

El crecimiento en el número de motocicletas ha sido una respuesta a las necesidades de movilidad que sobrepasan la oferta actual de transporte público de las ciudades. Los viajeros urbanos han encontrado en las motocicletas una alternativa para reducir el precio generalizado del transporte; que se compone por el costo monetario, el tiempo y los factores cualitativos. Es decir, las motocicletas tienen un desempeño que sobrepasa los 20 kilómetros por litro, que convertido a dinero resulta muy atractivo para los usuarios; especialmente para los que utilizan varios modos de transporte y que vienen de la periferia de la ciudad. Asimismo, las motocicletas ofrecen la conectividad y la flexibilidad de los vehículos particulares, evitan los tiempos de espera y transbordo del transporte público, aumentan la velocidad comercial y, por tanto, disminuyen el tiempo de tránsito a través de los desatinados y peligrosos rebases por las líneas de los carriles.

En este sentido, en la velocidad y la flexibilidad de un vehículo económico que ofrece los denominados viajes puerta/puerta -es decir, sin transbordos y con total conectividad- los motociclistas encuentran la comodidad que reduce el costo de los factores cualitativos. Además, de que los motociclistas perciben menor exposición a los robos y delitos que se cometen, y que continúan en aumento en el transporte público.

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La cabeza representa la parte más importante del cuerpo en cuanto a lesiones; paradójicamente, a pesar de los esfuerzos legislativos por normar el uso del casco, este se continúa utilizando en tamaño o forma inadecuada; por ejemplo, niños con cascos de adultos, cascos de tipo militar, o cascos sin normas de fabricación o métodos de pruebas de calidad. Asimismo, se debe considerar que los cascos tienen una vida útil de entre cinco y ocho años, que si se caen pierden su eficacia de protección ante un impacto y que, un buen casco, puede ser más costoso que las motonetas o las motocicletas de bajo cilindraje que circulan por la ciudad.     

En este sentido, para tratar de mitigar los efectos negativos, las acciones gubernamentales incluyen, por ejemplo, una nueva licencia obtenida a través de la acreditación de un curso de sensibilidad y conocimiento sobre el manejo correcto de la conducción de la motocicleta. Además, de que se han promovido programas federales, como la Iniciativa Mexicana de Seguridad Vial, que incluían el uso del casco como uno de los factores protectores. No obstante, estas acciones resultan insuficientes ante el crecimiento de las externalidades de este modo de transporte. Se requieren políticas que vislumbren el crecimiento que -si continúan las mismas condiciones y, por tanto, las mismas tendencia- seguirán teniendo las motocicletas.

Así, si como parte de la planeación urbana se seguirá incentivando el uso de motocicletas de bajo costo, se deberán promover las condiciones adecuadas de circulación; como por ejemplo, considerar carriles especiales que, junto con una mayor sensibilización y promoción de la cultura vial en los usuarios, y una mayor aplicación de los reglamentos de movilidad, producirán una menor cantidad de accidentes. De lo contrario, se deben plantear algunas medidas disuasorias; como el pago de tenencia vehicular, la verificación ambiental o el cobro de estacionamientos. No obstante, para cualquiera de las dos alternativas, y para el bien de las ciudades, lo realmente importante es mejorar el sistema de transporte público para que se incentive y logre la disminución en la utilización de vehículos particulares, incluyendo la motocicleta.