De la tracción animal a los hidrocarburos pasando por la energía eléctrica (1era.parte)

de la atracción animal

Hace 150 años en la Guadalajara que algún escritor la nombró la Venecia de México, se otorgó la primer licencia/concesión del transporte público (tranvía de mulitas), este hecho, marcó el inicio de una industria que llegaría a ser la columna vertebral del desarrollo social y económico de nuestra Guadalajara; la planeación, técnica política y económica, la importación de los equipos, la construcción de la infraestructura, así como la capacitación del futuro personal en los nuevos oficios, tardó 12 años en el desarrollo de los procesos arriba descritos.

Sabemos que “no hay fecha que no se llegue, ni plazo que no se cumpla”, así en 1878 inició el servicio de tranvías de mulitas que unió la catedral de Guadalajara con el santuario de nuestra señora de Guadalupe. La positiva respuesta a tan novedoso servicio por parte de los tapatíos que para esos años llegaban a los 70 mil habitantes, entusiasmó a los visionarios inversionistas a crecer este servicio; por cierto, los inversionistas en su mayoría eran descendientes de españoles y franceses.

La imagen urbana de la Guadalajara del siglo XIX se había transformado, al verse ataviada  con los 34 carruajes de sitio existentes, así como con los nuevos tranvías de mulitas,  con los que llegaron nuevos ruidos, el golpeteo de las ruedas con los rieles, considerándolos un ruido de la modernidad. Los servicios de transporte que los tapatíos contábamos eran un contraste de dos épocas, en el que el  tranvía ganó espacio al considerarlo el usuario más rápido y más confortable, así como toda una atracción para la creciente población.

Con los primeros resultados obtenidos y a solo dos años de iniciado el servicio de la primera ruta, los empresarios evaluando el costo beneficio de su inversión y motivados por la creciente demanda por parte de los habitantes de Guadalajara, decidieron crecer el servicio, por lo que en 1880 se dio inicio al ramal a Mexicaltzingo; en 1881 a solo 15 años después de haber obtenido la autorización entró en operación la deseada ruta a Tlaquepaque con una longitud de 5 kilómetros.

Guadalajara había marcado su rumbo, la modernidad, nuevas rutas de tranvías se trazaron,  solicitando la concesión al gobierno del estado, realizando la construcción de la infraestructura, resultando la puesta operación en 1884 de la ruta a Mezquitan, los Colomos, y la conexión con las fábricas de textiles y la de la papelera -ubicadas en la experiencia, el Batán y Atemajac-, al oriente de la ciudad se construyó la ruta a la hacienda de los monjes oblatos. Finalmente en 1894 se unió Guadalajara a la villa de Zapopan, sumando la red de tranvías para finales del siglo XIX 44 kilómetros.

Es importante mencionar que el 15 de mayo de 1888 con la llegada del ferrocarril se consolidó la vinculación con la capital del país, fue el sur de la ciudad la que presentaba las condiciones físicas adecuadas para la construcción de “LA ESTACIÓN CENTRAL”, ubicándose en las cercanías del destruido monasterio de San Francisco. 70 años después se trasladó a su lugar actual en los tiempos del gobernador Yáñez.

Un nuevo cambio visionaron los empresarios de los tranvías, la posibilidad de introducir el servicio eléctrico, cuando en 1893,  Guadalajara empezó a recibir la electricidad, primero de la planta generadora de El Salto, consolidando su abastecimiento en 1899 con la planta generadora de Las Juntas.

Gran algarabía se debió vivir en las calles tapatías en 1896, cuando niños y jóvenes veían circular el primer vehículo con motor de combustión interna, y con su llegada  el inicio de las externalidades negativas en la pérdida de espacio, aunque en un principio el tiempo se redujo, con los años el vehículo sería su propio freno, y aire limpio, en otras palabras, fue el banderazo de inicio del proceso de la involución de la calidad de vida de los tapatíos; imagínense en solo 107 años después de su entrada a escena, las calles de Guadalajara alojan hoy más de 1 millón setecientos mil vehículos.

A solo dos años de iniciado el siglo XX, la empresa tranvías de Guadalajara S.A., llevó a cabo negociaciones con la compañía de luz de Guadalajara, sin llegar a coincidir entre ellos, por lo que en 1903 compró la empresa convirtiéndola en la Electra S.A.

El 14 de septiembre de 1907 se inauguró el servicio eléctrico de tranvías con 10 unidades, para esos años Guadalajara ya contaba con una red de 59 km, ese mismo año se integraron otras 22 unidades, y conforme terminaban las obras de infraestructura fueron migrando los vehículos de tracción animal por  la tracción eléctrica. Así, en 1910 nuestros ancestros tenían 120 unidades y tan solo dos años después, alcanzamos las 130 unidades.

En 1909 la ruta con destino a Atemajac, Batán  y la Experiencia se fusionó con la empresa Electra S.A. conformando una nueva compañía con la razón social  Compañía de Tranvías, Luz y Fuerza de Guadalajara S.A. El resultado de las fusiones con las diferentes empresas,  consolidó un importante monopolio encargado de dotar a la ciudad de Guadalajara el alumbrado público, los tranvías y la generación de la fuerza motriz, requiriendo cambiar la razón social de la empresa, la cual se  denominó Compañía Hidroeléctrica e Irrigadora de Chapala S.A.    

En la década de 1910 a 1920 la red de tranvías que disfrutábamos se había incrementado en  un 22%, alcanzando los 75 kilómetros. El servicio estaba consolidado y contaba con la aprobación de los tapatíos, pero los tiempos que vivía México dieron inicio a otro tipo de problemas, los nuevos gobiernos post revolucionarios y sus políticas populistas.