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La resiliencia financiera de las empresas de transporte público

ROMERO JUNIO

Sin decir “agua va”, ni conocer la dimensión de la gravedad de la pandemia llegó el COVID 19 al área metropolitana de Guadalajara (AMG), bastó que las autoridades sanitarias determinarán limitar las funciones urbanas para que se desplomara la demanda del transporte público, perdiendo ingresos, ahorros y por lo largo de la pandemia adquiriendo deudas para poder preservar el servicio y sus fuentes de trabajo.

Aunque una de las recomendaciones sanitarias fue contar con mayor número de unidades ofreciendo el servicio, que tenía como objetivo lograr el distanciamiento social, y con esto, reducir el contagio del COVID 19, en opinión del que escribe, los empresarios del transporte hicieron lo contrario con el objetivo de sobrevivir, redujeron el número de unidades en circulación, abriendo la frecuencia de paso de las unidades reduciendo el pago de costos directos como lo son (combustible, aceite y llantas), que juntos alcanzan más del 40% de los gastos realizados por las empresas para mantener el servicio en operación, sin considerar el costo del operador ni el pago ni el arrendamiento financiero.

Lo he comentado en otras participaciones que entre el combustible, el costo del operador y el pago del arrendamiento de las unidades, los costos alcanzan más del 80% de los gastos de la operación, lo que reduce las alternativas de ahorro dentro de los costos de la operación. Los tres conceptos arriba descritos no tienen posibilidades de reducir sus costos ya que son determinados de manera exógena.

Esta situación puso a las empresas ante serios problemas financieros, que solo con un incremento en los ingresos de la empresa, se pudiera dejar de endeudarse y eso solo puede ocurrir cambiando el rumbo del transporte público urbano, a que me refiero con esto de ¿cambiar el rumbo?

Hasta antes de la pandemia la preocupación de los empresarios se limitaba a buscar la actualización de la tarifa, si hoy se actualiza la tarifa, el boquete económico queda. Y este, fue registrado a nivel mundial.

De acuerdo con la UITP “ El transporte público urbano representa alrededor del 20% de la actividad del sector del transporte, y alrededor de 13 millones de personas en todo el mundo trabajan en servicios de transporte público”. Esto quiere decir que la pérdida económica a nivel mundial es enorme. WRI (Instituto de recursos Mundiales), AMAN (Asociación Mexicana de autoridades de movilidad) y la ANPACT (Asociación Nacional de productores de autobuses, camiones y tractocamiones) calculan que tan solo en México se registró una pérdida acumulada de 19,500 millones de pesos, cuya principal causa fue la caída en la demanda que alcanzó de acuerdo a sus análisis hasta un 60%.

Continuando con lo publicado por la WRI, ellos estiman que los ingresos se redujeron hasta en un 40%, es claro que esta reducción es imposible recuperarla tan solo con el incremento de los usuarios.  Lo que significa que el boquete económico seguirá presente en las finanzas de los empresarios.

Retomando el título de mi participación, ¿SE PUEDE RECUPERAR EL BOQUETE ECONÓMICO QUE DEJÓ LA PANDEMIA?, hablar de casi 20 mil millones de pesos es una gran suma, que no veo cómo los gobiernos federales y estatales puedan implementar una política pública de apoyo financiero a fondo perdido, que les permita brincar a los empresarios transportistas, este gran bache.

Hoy los gobiernos deben de promover la resiliencia financiera invirtiendo tiempo y talento, haciendo que las rutas sean rentables económicamente, así como eficientes en su operación, y sobre todo con un alto control de la calidad en la prestación del servicio, evitando la migración de los usuarios; estos tres ejes, conforman el primer escalón del proceso de cambio que requiere el servicio de transporte público. A qué me refiero al decir que el gobierno debe invertir tiempo y talento.

Como sabemos quienes trabajamos en la movilidad y el desarrollo urbano, la información que se generó en el estudio de origen y destino presentado por las autoridades a finales del 2021, poco puede abonar para conocer la realidad de los desplazamientos actuales, así como los niveles de servicio de las vías urbanas; como dije en su momento, “se tomó una fotografía en tiempos de pandemia con funciones urbanas por debajo de la realidad actual”, lo que nos impide utilizarlos como base para los análisis de los niveles de servicio de las rutas, así como los niveles de eficiencia de las vías urbanas.

Aunque la información generada en el O-D 2021, metodológicamente fue la adecuada, a excepción de los tiempos de su realización, ya que no los podemos considerar como los de un día típico. Eso nos impidió determinar a los resultados como evidencia científica para la elaboración de este ejercicio, por lo que se deben buscar alternativas, y en opinión del que escribe, la más adecuada sería basarnos en el trabajo empírico (“Que está basado en la experiencia y en la observación de los hechos”) de los empresarios, ya que estos, conocen los claros y oscuros de sus rutas.

Por este motivo, la prioridad del gobierno debe ser la realización de un taller de resiliencia financiera para las empresas de transporte público, donde se analizan y clasifican los costos reales de operación, que sirva como base para la propuesta de actualización de la tarifa, estoy hablando de una tarifa técnica que incluya todos los costos de operación; es necesario si queremos la consolidación de las empresas, la aprobación por parte de las autoridades de una tarifa real, no una tarifa social.

Otro gran eje importante para la resiliencia financiera es analizar, evaluar y determinar las posibles acciones que le permitan a los empresarios ahorrar en los costos de operación a través de mejorar la eficiencia de las vías urbanas. Sabemos que estas acciones son responsabilidad de las autoridades y su beneficio es para toda la ciudad.

El tercer eje propuesto es la adecuación de los derroteros de las rutas, buscando cubrir la demanda del servicio con rutas más eficientes, que incrementen el número de pasajeros transportados por unidad.

DIAGRAMA ROMERO

Las autoridades están frente a una importante encrucijada, apoyar la resiliencia o permitir que el servicio de transporte pierda calidad; está en las manos de las autoridades determinar el rumbo de las empresas de transporte público.