Ivette Velazco Vargas: una vida para contar - Pasajero7

Ivette Velazco Vargas: una vida para contar

ivetteHay quienes descubren su vocación a muy temprana edad y cuando ven la oportunidad la toman, sin importar condiciones, estereotipos o prejuicios, ese es el caso de la señora Ivette Velazco Vargas, quien cuando estaba en la primaria “soñaba con ser conductora de un camión”, y sin dudarlo, en 1990 siendo madre de familia vio la oportunidad de ser contratada en la Alianza de Camioneros de Jalisco y se puso frente al volante, convirtiéndose en una de las primeras mujeres conductoras de transporte público en el Área Metropolitana de Guadalajara.

Mi sueño desde pequeña fue siempre conducir un camión; yo conocí a Don Loreto, nosotros en la primaria le decíamos Don Carmelo, y él nos daba raite de la Basilio Badillo a donde yo vivía, entonces se me metió la idea de que yo quería ser conductora y un buen día salió un anuncio en el radio que ocupaban mujeres para manejar, pero nunca dijeron que era para un camión de transporte urbano.

“Entonces yo acudí a la convocatoria, recolectaron papeles y todo; y cuál va ser mi sorpresa que era para manejar un autobús, era aquí en la Alianza y fue un reto total, pues no tenía ni licencia; se tuvieron que hacer mil cosas para que un grupo de más o menos 40 mujeres, en el cual me incluyo,  ingresáramos a trabajar aquí a la Alianza como conductoras”.

La señora Ivette, los últimos 30 años de su vida ha visto cómo se transforma la ciudad, los autobuses, las formas de administrar una empresa de transporte, y los prejuicios de los usuarios para quienes no fue fácil confiar en que una mujer podía llevarlos seguros de un punto a otro.

“Como fuimos las pioneras, fue algo difícil que los mismos compañeros conductores nos aceptaran en su hábitat, en su espacio de trabajo que era totalmente de hombres, fue muy difícil. También con los usuarios, al principio, algunos veían que una mujer conducía y no se subían, me paso que personas mayores que ya estaban subiendo, me veían y se bajaban. Pero  a mí me gusta, me encanta mi trabajo, siempre trato de ser la mejor, de traer el camión limpio, de diferenciarme entre todos.

“Ahora las cosas son diferentes, hay más mujeres operadoras, para los conductores hombres ya es común vernos entre ellos y con los usuarios también, al mantener una ruta casi siempre movemos a las mismas personas y ahora ya hasta nos saludamos, pero el cambio en la cultura no fue sencillo.

“En tres décadas todo ha evolucionado, nada se parece a lo que era hace 30 años, poco a poco han cambiado los sistemas de transporte, las unidades, el mismo tráfico, la gente, la ciudad va creciendo es todo totalmente diferente y evolutivo; mientras voy en el camión he visto cómo todo se transforma”.

Conductora, madre y ama de casa

Sin importar las largas jornadas frente al volante y los kilómetros por recorrer, Ivette Velazco tenía que cumplir con su labor como madre de dos hijos y ama de casa; y por casi 15 años su autobús fue cómplice de esas tareas.   

“Hace algunos años fue difícil porque a mis hijos yo los traía en el camión, los bajaba en la escuela de Miravalle, salían y yo los recogía, los traía todo el día en la ruta porque no me gusta que los cuiden otras personas; ahí hacían su tarea en el camión, igual que yo estaban muchas compañeras como María Elena, Fabiola, la señora Lila, todas andábamos con nuestra chiquillería en la unidad; la señora Lila tenía 6 hijos, los chiquillos nos ayudaban a barrer los camiones, a recoger basura, era toda una odisea”, recuerda Ivette con nostalgia.

Esa etapa trajo buenas amistades entre las conductoras y sus hijos. “Hacíamos lo de toda mujer normal, lavar, asear la casa, comida, pasear a los chiquillos los domingos, a  veces nos juntábamos todas y nos íbamos a la playa en el tren, cuando todavía había tren de pasajeros y nos íbamos con todos los chiquillos a la playa”.

Ahora los hijos de Ivette ya crecieron, están casados y se sienten orgullosos de su mamá que siempre ha sido una mujer intrépida y dispuesta a romper estereotipos.

Anécdotas y satisfacciones

El trabajo como conductora de transporte público le ha permitido a la señora Ivette llevar una vida con estabilidad, les dio educación académica a sus dos hijos, compró un departamento y tiene acceso a beneficios laborales, además le permitió vivir momentos históricos para el desarrollo del transporte público y tiene muchas anécdotas que contar.

“A mí me apasiona mi trabajo; hace años hicieron una convocatoria para encontrar a los mejores conductores que estarían operando el Macrobús el día de su inauguración, y afortunadamente califique y nos mandaron a la Volvo a hacer un curso; luego del curso hicieron un concurso para ver quién era el mejor conductor, afortunadamente logré arrimar la unidad al andén 2 cm parejo, el articulado y fui elegida para pasear al presidente Calderón en la inauguración.

“Fue padrísimo, es algo emocionante, son logros que tiene uno en su trabajo y como persona, que te hacen sentir bien y que te animan y para mi familia pues soy su orgullo”.

La dedicación y la pasión con la que la señora Ivette hace su trabajo le ha dado varios reconocimientos, no solo fue testigo de 30 años de transformación del sector y del arranque del Macrobús; recientemente la Alianza de Camioneros convocó a un concurso entre sus conductores para que explicarán en un video, porque les gusta su trabajo, el jurado, luego de ver las grabaciones determinó que ella era la ganadora de la convocatoria titulada: Una vida para contar.