Hacia un nuevo modelo de movilidad urbana sustentable en América Latina - Pasajero7

Hacia un nuevo modelo de movilidad urbana sustentable en América Latina

SIMUSLa importancia de la movilidad urbana sustentable como eje fundamental para el desarrollo de las ciudades y la reactivación económica, ha demostrado la imperante necesidad de transformarla desde factores claves como la gobernanza y financiamiento a través de la necesaria adopción de políticas públicas integrales sustentadas en estudios de prefactibilidad y factibilidad, que permitan cuantificar los requerimientos de inversión pública y privada así como la identificación clara de sus posibles fuentes de financiamiento a un plazo no menor de 15 a 20 años. Aspecto que es recurrentemente desconocido o aminorado a la horade su formulación.

Estas políticas deberían incluir sin duda alguna los objetivos de la Agenda Global que, busca promover un crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible y ofrecer acceso a sistemas multimodales de transporte seguros, asequibles, accesibles y sostenibles para todos; con especial atención en satisfacer las necesidades de las personas en situación de vulnerabilidad, las mujeres, los niños, las personas con discapacidad y las personas mayores. Al tiempo de impulsar la movilidad baja en carbono que juega un papel crucial para hacer realidad el compromiso de la Nueva Agenda Urbana definida en Quito en 2016: hacer ciudades pensadas en y para la gente, que puedan optar en primera línea en caminar y desplazarse en bicicleta o en todo aquel modo que sea amigable con el medio ambiente sano.

La pandemia dejó aún más en evidencia la constante crisis financiera por la que atraviesan nuestros sistemas de transporte en América Latina y la presión por garantizar la efectiva prestación del servicio en condiciones de seguridad con el  uso de medidas de bioseguridad y distanciamiento que limitan la capacidad de ocupación dentro de los vehículos, han incrementado los costos de la operación y agudizado el déficit financiero poniendo en riesgo de cesar la operación por falta de liquidez a muchos Sistemas. Pensar que lograremos la sostenibilidad vía tarifa y subvenciones públicas es erróneo, inequitativo y poco resiliente.

Así que, si vemos la otra cara de oportunidad que nos reta la pandemia, es un buen pretexto para rediseñar el nuevo futuro de la Movilidad Urbana Sustentable, partiendo de la premisa necesaria de reconocer el derecho inherente del ser humano de moverse en condiciones de calidad, seguridad e inclusión social.

Desde la Red SIMUS, proponemos el “Nuevo Modelo Integral de la Movilidad Urbana Sustentable de América Latina”, en tres dimensiones: Sostenibilidad Financiera, Gestión integral de Demanda y Gestión Integral de Oferta que potencie los 3 activos de la Movilidad Urbana Sustentable: vehículos, infraestructura y tecnología. Busca garantizar que los sistemas de transporte público sean asequibles y de calidad para todos, incorporando nuevos esquemas y/o mejorando los mecanismos que promuevan nuevas fuentes de financiamiento no tarifario, en donde se fomenten modelos sostenibles de fuentes directas e indirectas, que permitan sufragar los costos de cobertura universal, sostenibilidad ambiental, de operación y manteniendo de los sistemas.

Sin duda alguna, este esquema implica no solo un esfuerzo conjunto de todos los actores que hacen parte del ecosistema para buscar consensos y soluciones a los nuevos retos de la movilidad en nuestras ciudades, sino consistirá en construir una visión en común y  fomentar un ambiente propicio para la efectiva implementación de soluciones de movilidad sostenibles y sustentables.

Es necesario evolucionar a políticas públicas de estado de orden federal o nacional que reconozcan y garanticen el goce efectivo de la movilidad como derecho social,  incorporando a las autoridades locales para que  trabajando de la mano con el sector privado y la sociedad civil, generen las políticas de sostenibilidad financieras adaptativas y los mecanismos legales y reglamentarios que propicien un ambiente de confianza que estimule la inversión e impulso de nuevos modelos de negocios orientados al desarrollo sustentable.

La realidad es que muchas veces por la falta de marcos  de regulación, representan un obstáculo para atraer mayor inversión por la incertidumbre o inseguridad jurídica que se genera. Finalmente, dependerá de cada país y ciudad verificar qué tipo de fuentes y esquemas de financiamiento puedan adoptar asociadas  al uso y tenencia de vehículos, al desarrollo urbano, al uso u ocupación del espacio público y al medio ambiente,  y cuáles serán los actores de financiamiento: público, privado- empresario, privado-usuario, banca multilateral y mecanismos complementarios de financiamiento.

Adicionalmente, ahora que el COVID ha evidenciado las deficiencias y áreas de oportunidad en los Sistemas de Transporte Público, resulta un buen pretexto para analizar y utilizar esta información como un diagnóstico que permita identificar dónde y cómo intervenir en las cadenas de valor que permitan potenciar los 3 activos de la Movilidad Urbana: vehículos, infraestructura y tecnología.

Esto por cuanto la evaluación de  las cadenas de valor además de servir como una guía para aprovechar y promover mecanismos de financiamiento existentes, tales como los bonos verdes o incluso la promoción de nuevos modelos de negocio con valor agregado al usuario, podrían servir para detectar los aspectos que están desincentivando la incorporación de soluciones más eficientes; capacidad técnica, institucional, legal, financiera y de gestión. Por otra parte, si las cadenas de valor son identificadas adecuadamente, esto podría propiciar tanto la  incorporación de nuevos actores o proveedores de soluciones al ecosistema de la Movilidad Urbana Sustentable, como la identificación de una ruta más clara para la colaboración entre los distintos órdenes y dependencias de gobierno.

En cuanto a los  vehículos; conlleva a una necesaria renovación de flota obsoleta que tenemos aún rodando en muchas de la ciudades de la región que obligan a avanzar en la adopción de modelos de negocio de economías verdes que impulsen la movilidad baja en carbono y fomentar los modos no motorizados como la caminata, la bici y esquemas de integración multimodal a través de modelos de economía colaborativa y a la redefinición del Transporte a Transporte Bioseguro. Esto requerirá de una nueva tipología de flota con estándares de capacidad, calidad y seguridad, como desinfección automática, calibradores de temperatura, sensores de peso con sistemas “anti punto ciego” wifi, y detectores faciales con reconocimiento de uso de mascarillas para acceder al vehículo. Es una realidad dentro de la nueva normalidad a la cual debemos prepararnos todos.

En infraestructura deja en evidencia igualmente, la necesaria adopción permanente de lo que ha sido temporal por cuenta del COVID-19. Acciones a través del urbanismo táctico, han permitido hacer intervenciones resilientes en el espacio público, aplicando las 3R: RECONSTRUIR, RECUPERAR Y REHABILITAR para posibilitar el distanciamiento social. Intervenciones que estimulan la promoción de la movilidad no motorizada, espacios para el ciudadano urbano y habilitación de calles o avenidas que antes eran destinadas para los carros, ahora son para las personas y bici usuarios.

La tecnología será el gran capacitador de las transformaciones en la movilidad urbana sustentable. Por un lado, la necesidad de llevar registros en línea o mediante aplicaciones móviles de los pasajeros y sus recorridos, acelerará  la cantidad de datos generados, lo que permitirá además de programar de manera más eficiente las frecuencias óptimas requeridas para mantener el distanciamiento e impulsar la multimodalidad. Por otro lado, los sensores de conocimiento y calor, el reconocimiento facial y táctil, las aplicaciones que permiten al usuario conocer el nivel de ocupación de los autobuses para decidir antes de abordarlo; aunado a nuevas modalidades como el transporte bajo demanda, forman parte de todo un ecosistema de innovaciones en la movilidad urbana, que se verá fortalecido ante la inminente necesidad de transformación de nuestros sistemas, tras la pandemia.