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espacio público: protagonista de la vida en sociedad

espacio publico

Sería imposible entender qué hacemos y en dónde lo hacemos sin definir el espacio urbano. Para este fin, el espacio urbano es la evidencia física del desarrollo de una ciudad; es el territorio donde la actividad social se presenta, éste a su vez, se puede entender en dos grandes divisiones: El espacio público, es aquel de acceso universal, que no tiene dueño y es vigilado, protegido, administrado por la autoridad, así como reconocido y sostenido por la población; y el espacio privado, aquel que si tiene dueño, encargado de mantenerlo y permite su acceso, uso y resguardo, de acuerdo a sus intereses.

Resulta por demás importante entender lo anterior, debido a que la actividad de movilidad urbana se da totalmente en el espacio público, por lo que entenderlo es fundamental para realizar exitosamente dicha actividad.

La existencia del espacio público se presenta de forma espontánea, ante la necesidad de distinguir un grupo de otro, permitiendo la comunicación entre ellos; es como una membrana social que contiene y comunica.

Conforme la comunidad comienza a crecer, se establece un centro social reconocido por sus habitantes, a éstas formaciones les podemos llamar centralidades, colonias o barrios. Son peculiares y homogéneas, son zonas habitacionales, áreas de servicios, parques industriales o centros de enseñanza; cuando varias de estas se acumulan se constituyen ciudades.

La peculiaridad de una ciudad, es que cuenta con una autoridad estructurada que garantiza el orden y la armonía, además se hace cargo de la construcción de infraestructura básica para la sobrevivencia de la comunidad, así como servicios de demanda general, de los que ningún habitante de la urbe puede prescindir.

El conflicto se presenta en las zonas metropolitanas, donde el objetivo es complementarse entre ciudades en búsqueda de eficiencia; al inicio se da la competencia por identidad y esto lo manifiestan en búsqueda de supremacía, perdiendo tiempo valioso para el desarrollo de los centros barriales.

En una ciudad de más de un millón de habitantes, de acuerdo al catastro, el espacio público es de más del 35% del área total, este a su vez se compone por calles, banquetas, parques, plazas cívicas, mercados, escuelas, en general todas las instalaciones que la autoridad opera en beneficio y servicio de la población y que su costo es solventado por la vía fiscal.

En la administración del espacio público se establecen los límites de la ciudad, se determina la densidad de población, las actividades económicas que se realizan en ella para beneficio de sus habitantes y visitantes. Es fundamental determinar cómo será la comunicación y conectividad entre barrios y poblaciones externas, vialidades y vehículos; qué horarios y prioridades de acuerdo al motivo de cada viaje, aquí es donde se da la definición de la movilidad en una ciudad.

Habilitar dicha movilidad nos lleva a construir la parte más necesaria en una comunidad, las vialidades. Éstas son de las decisiones más importantes, además de nunca ser suficientes debido a un crecimiento constante de las metrópolis; las calles evolucionan constantemente, comienzan incluyendo autos, luego se suman los autobuses de transporte urbano, después se excluyen los autos y queda excluido el transporte; pero, visiblemente, los espacios privados que son contenidos por las vialidades poco se mueven en su desplante, pero mucho en su densidad, además de la variación sustantiva de su uso, a este proceso se le conoce como gentrificación.

En algunas ciudades del norte de Europa se optó por conservar las urbes relativamente pequeñas, esto propició que al interior de las poblaciones el desplazamiento cotidiano sea de a pie y/o en bicicleta, de manera que el tránsito inter-poblaciones de da por tren o carretera, logrando con ello evitar el caos vial de las grandes urbes. De esta manera, se evita el uso excesivo del auto y la contaminación que ellos traen; la necesidad de complementarse de una comunidad a otra es lo que genera la movilidad y así permite la especialización regional.

La realidad es que no hay una receta universal para diseñar el espacio público, la comunidad termina construyéndose con los recursos, las costumbres y necesidades propias de cada lugar.

¿Cuál es la nuestra?, ¿Cómo definirla?, pero lo más importante, ¿Cómo identificar la que sigue justificándose y la que representa un lastre para llevar adelante una movilidad ágil, cómoda, accesible y segura de acuerdo a la apreciación de nuestros conciudadanos?

Dentro de este análisis se reconoce que existen esfuerzos por ofrecer un espacio público que facilite la movilidad urbana. El éxito es consecuencia de haber identificado los requerimientos básicos de cómo, cuándo, para qué y para quién se demanda el espacio público. Pero si reconocemos que la movilidad en el espacio público genera una derrama de beneficios a todos los ciudadanos y a su vez, dispersa por diferentes mecanismos el costo del servicio en ellos, los resultados serían muy diferentes.

El espacio público es donde se presentan todos los esfuerzos y recursos que llevan a que entren en contacto los ciudadanos unos con otros, además de transitar, llevar, traer, y estar donde a cada persona le sea pertinente. El espacio público debe ser libre, seguro y adecuado, además su población debe tener la sensación de pertenencia.

Es primordial escuchar las necesidades de los usuarios sobre el espacio público para poder identificar y satisfacer sus necesidades.