El Imaginario Colectivo

imaginario colectivo

Hablar de la Guadalajara que se construyó con base en las Leyes de Indias, es hablar de una tipología urbana basada en el urbanismo español, y que a la vez se vio limitada  por los barrios o asentamientos indígenas (Analco, Mexicaltzingo y Mezquitan) que estaban asentados en el amplio Valle de Atemajac; Guadalajara se consolidó como un asentamiento con sus virtudes e ineficiencias que después de 358 años de su fundación (1900), se le reconocía como una ciudad señorial, digna no solo de habitar, también de ser visitada por sus grandes atractivos.

Su importancia comercial, religiosa y política, así como la entrada de la energía eléctrica, y con ésta, el uso de tranvías eléctricos, fue el detonador para que el fenómeno de la velocidad iniciara su influencia en el desarrollo de Guadalajara. Estas características la hicieron más atractiva y su crecimiento urbano y poblacional en 50 años duplicó su zona urbanizada. Para la segunda mitad del siglo XX su crecimiento fue superior a la capacidad de dotar de infraestructura y servicios para ser una ciudad eficiente.   

En las últimas tres décadas del siglo XX, Guadalajara y su Área Metropolitana redujo más su capacidad de consolidar  la infraestructura, lo que ha provocado el crecimiento de su ineficiencia ocasionando severos problemas a la ciudad y sus habitantes, en tres áreas prioritarias, espacio público, el tiempo para desplazarnos en él y la energía requerida, al grado que los administradores de la ciudad de Guadalajara perdieron el control de su crecimiento y de acuerdo con el IMEPLAN, hoy se asienta en más de 69 mil Has, con un serio problema, que muchas de sus soluciones han sido respuestas al imaginario colectivo.

Hablar de ciudades ineficientes en el México del siglo XXI es el común denominador de las grandes urbes mexicanas, ineficiencia que debe ser vista y valorada desde la óptica de millones de personas que las habitan, y de los especialistas en el desarrollo de las ciudades que tengan la capacidad de construir el conocimiento necesario para solucionar los enormes problemas que hoy padecemos, en algunos casos esta visión se ve influenciada por el imaginario colectivo – no siempre de manera positiva-, y una ciudad que basa su toma de decisiones desde el imaginario colectivo, está condenada a que sus acciones no generan las mejoras deseadas.

Pero ¿qué es el imaginario colectivo?: el antropólogo Gilbert Durand a partir de los años 60, formalizó el uso de este término con su obra “Las estructuras antropológicas del imaginario”. Sabemos que en los últimos años mucho se ha hablado del imaginario colectivo y de su importante influencia en el desarrollo  de la ciudad, pero ¿entendemos su significado?, Néstor García Canclini nos facilita su entendimiento, al afirmar “que imaginamos lo que no conocemos, o lo que no es, o lo que aún no es. En otras palabras, lo imaginario remite a un campo de imágenes diferenciadas de lo empíricamente observable”.

Las grandes ciudades están viviendo el fenómeno de la participación ciudadana en las decisiones de la ciudad, decisiones que no están sustentadas en procesos científicos o técnicos. Canclini los define como los actores comunes, o los que no tienen pretensiones científicas o técnicas. Su aportación más importante es al hacernos reflexionar al preguntarnos ¿qué podemos conocer de una ciudad y especialmente de una gran ciudad?, y continúa haciendo otra pregunta, al interrogarnos, ¿si son  solo fragmentos, parcialidades o podemos hacer afirmaciones de un cierto grado de generalidad, que estarán sesgadas por la perspectiva del analista o que son relativamente superficiales porque solo atienden a aspectos socio-económicos?.

Que importante es si queremos resolver los problemas de nuestra ciudad, que los administradores de la ciudad se dejen guiar por personas que sustentan sus propuestas, no en modas y ocurrencias. Decía en mi intervención anterior que el rumbo está en manos de los administradores de la ciudad, al determinar si las acciones a realizar generan eficiencia, equidad o populismo electoral. Y hablando de elecciones estamos a días de que empiecen las campañas en nuestro estado, y de verdad lo digo, anhelo que los nuevos administradores sus decisiones no se tomen por el imaginario colectivo impulsado como los denomina Canclini, por actores comunes sin pretensiones técnicas o científicas.

Aprovecho para desearles que el año concluya con una importante cantidad de proyectos y que el año nuevo los colme de una actitud positiva para alcanzar cada uno de ellos.