Derecho a la ciudad y a la movilidad sostenible:11 factores claves para el cambio - Pasajero7

Derecho a la ciudad y a la movilidad sostenible:11 factores claves para el cambio

simusSe debe reconocer que cada espacio urbano es único, y que cada sociedad se plantea distintas visiones a futuro. Si nos remontamos a las ciudades de la antigüedad, no resulta loco pensar que desde esa época se concebía la necesidad de diseñar ciudades a “escala humana”, integradas en un territorio compacto donde todo se podía hacer caminando con distancias no mayores a 5 km/h: vivir, trabajar, comprar, mercar, aprender en las sinagogas, descanso y ocio y, sólo el uso del caballo o carruajes eran utilizados para largas distancias.

Esto me recuerda la tesis del arquitecto y urbanista danés Jan Gehl que considera que “La ciudad vital, es una ciudad que invita a ser recorrida (…) No se trata del número de habitantes ni de multitudes ni del tamaño de una ciudad. Más bien, un espacio se convierte en significativo cuando es popular y capaz de atraer gente hacia él”. 

Luego, con la llegada del capitalismo, el modernismo y la expansión del mercado del coche, entre otras muchas razones, pasó que las grandes aglomeraciones urbanas se ubicaron ventajosamente frente a las ciudades medias y pequeñas, concentrando gran parte de la dinámica económica globalizada, de riqueza y de poder, trayendo consigo una acelerada redistribución desigual, en coexistencia con un rasgo muy evidente en el desarrollo y crecimiento de las ciudades latinoamericanas: riqueza, pobreza y exclusión social aparecen como componentes inseparables.

Sumado a ello, altos niveles de contaminación ambiental, congestión y desarrollo de amplias infraestructuras urbanas deshumanizadas, diseñadas para privilegiar los desplazamientos en coches antes que las personas, demandando recorridos de más de 60 Km/h.

De ahí en gran medida la reivindicación del derecho a recuperar las ciudades, de hacerlas espacios vivibles, viables y equitativos para la gente. Han sido muchos teóricos que han planteado el derecho a la ciudad como espacio social vivo y cambiante. Desde la propuesta política del filósofo Henri Lefebvre (1.962) “Derecho a la Ciudad”, donde debatió por la capacidad y necesidad de las sociedades de producir conscientemente su espacio urbano, principalmente la clase obrera, de crear y producir la ciudad. 

Por su parte, el geógrafo David Harvey (1.970), sostuvo que el derecho a la ciudad tiene que plantearse, no como un derecho a lo que ya existe, sino como un derecho a reconstruir y recrear la ciudad como un cuerpo político con una imagen totalmente diferente, que erradique la pobreza y la desigualdad social y que cure las heridas de la desastrosa degradación medioambiental; hasta llegar al concepto de “ciudades para la gente” planteado por el arquitecto Jan Gehl, que cuestionó la tendencia de construir ciudades para los automóviles porque deshumanizan los espacios que habitamos, por lo tanto, es necesario cambiar el paradigma sobre las ciudades que queremos; ciudades atractivas, seguras, sostenibles, vibrantes y sanas.

Y es justamente el replanteamiento de ese paradigma que nos invita Jan Gehl, a comprender más allá del tradicional enfoque del derecho a la ciudad entendida hacia la mejora de la calidad de vida de las personas centrado en la vivienda o entornos urbanos, a la importancia del desarrollo de la vida urbana a escala barrial, de ciudad a nivel metropolitano y rural, como un mecanismo de protección de la población que vive en ciudades o regiones en acelerado proceso de urbanización.

Queremos ciudades vivas como lo planteó Jane Jacobs en su obra cumbre “La muerte y la vida de las grandes ciudades americanas de 1961”, donde expone la importancia de la proximidad del vecindario porque permite a los habitantes sentirse más arraigados y seguros: “Un vecindario, no es solo una asociación de edificios sino también una red de relaciones sociales, un entorno donde los sentimientos y la simpatía pueden florecer”. Para llegar a este planteamiento, se requiere repensar el diseño de las ciudades teniendo claro en qué ciudad queremos vivir, que permitan llevar a otro nivel el concepto de calidad de vida en un entorno de oportunidades que ofrezca una ciudad: i) Que sea socialmente útil, ii) Que sea ambientalmente adecuada y iii) Económicamente sostenible.

Y, es justamente esa premisa fue la que inspiró al científico franco-colombiano Carlos Moreno, profesor y asesor de la alcaldesa de parís Anne Hidalgo, a crear el modelo de “Ciudad del cuarto de hora o más conocida como de 15 minutos”, ante el desafío que nos trajo la pandemia del COVID19, publicó su libro “Vida urbana y proximidad en la era del COVID19”, dos hechos que hay que tener en cuenta: pandemias y el cambio climático que atentan contra la salud urbana. Considera que se requiere generar un cambio radical, antes que sea demasiado tarde, de estilo de vida, de producción, de consumo, de desplazamiento, vivir de manera diferente significa, ante todo, cambiar nuestra relación con el tiempo. Particularmente es muy crítico en replantear la manera cómo nos movemos y desplazamos porque considera que ha degradado en gran medida la calidad de vida a través de viajes costosos y, muchas veces innecesarios.

Desde la Red SIMUS, a partir de la expedición en el año 2014 en Lima, Perú de la “Declaración: Libro Blanco de la Movilidad Urbana Sustentable de América Latina”, más de 25 alcaldes de las principales ciudades suscribieron el compromiso de acción conjunta por alcanzar una movilidad urbana sustentable de alta calidad para todas y todos, a partir del reconocimiento de la Movilidad como Derecho Social Fundamental de las sociedades.

Entenderlo así, como un derecho humano  inexorable del ser humano, conlleva al despliegue prioritario de acciones positivas por parte del Estado que privilegie el bienestar y calidad de vida de las personas, y en tal sentido, surge la obligación de garantizar la prestación del servicio de transporte en condiciones de seguridad, accesibilidad universal, eficiencia, inclusión, calidad e igualdad, como se garantiza el derecho a la educación, al trabajo o a la salud así como el acceso a bienes, oportunidades y servicios básicos necesarios para una vida digna; asegurando la existencia, coordinación e integración de los diversos medios de transporte, de la infraestructura vial y del espacio público requerido para satisfacer las necesidades de movilización de las personas; asumir la financiación de las inversiones que requiere el sector; desarrollar los instrumentos regulatorios; generar una nueva organización institucional que permita la interacción entre las entidades del nivel nacional y local.

Entre quienes hoy reivindican el derecho a la ciudad, se encuentra la Coalición Internacional del Hábitat (Hábitat International Coalition-HIC), que estableció en 2004, la Carta Mundial del Derecho a la Ciudad. El Foro Urbano Mundial de 2010 y, gobiernos que han reconocido como Derecho Fundamental a la Movilidad en América Latina, tenemos a Brasil que lo incorporó en la Constitución Federal en 2015 y México que tiene en manos la gran responsabilidad de expedir la Ley General de Movilidad y Seguridad Vial como Ley Nacional. La necesaria correlación entre estos dos derechos y la contrapartida de deberes es exigible de acuerdo a las diferentes responsabilidades y situaciones socio-económicas de sus habitantes, autoridades locales y nacionales como forma de promover la justa distribución de los beneficios propios de cada derecho resultante, de una parte, del proceso de urbanización; el cumplimiento de la función social de la ciudad y de la propiedad; la distribución de la renta urbana y la democratización del espacio público y, de otra, el acceso a los servicios públicos esenciales para todos los ciudadanos, como el agua, la luz, energía y transporte público, especialmente aquellos con menos recursos económicos y en situación de vulnerabilidad.

El costo de intervenir de manera oportuna, es hora que iniciemos un nuevo decenio. El reto que enfrentamos es “HACER CIUDADES QUE OFREZCAN CALIDAD DE VIDA: CIUDADES PARA LA GENTE Y CON LA GENTE, Martha Gutiérrez, Secretaria General Red SIMUS”. El anhelo de transformación que esperamos, es lograr ciudades sostenibles, ambientalmente ecológicas, generadoras de valor económico y con impacto social; que promuevan el transporte sustentable y activo de la caminata y la bici integrada a las redes de transporte público multimodal y regional.

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